martes, 27 de junio de 2017

3er.DIA. Etapa 29(no entera). PALAS DE REI - RIBADIXO

Segundo madrugón en el camino. Aun están poniendo las calles, sendas y bosques, cuando nosotras nos levantamos. Sigilosamente nos preparamos, y con nuestra luz en la frente, arrancamos con esa alegría y espíritu que da el estar dormidas.


La etapa de hoy realmente es de Palas a Arzua, 28’8 kilómetros, pero decidimos acortarla llegando solo a Ribadiso da Baixo, a unos tres kilómetros antes de Arzua.

Hemos recibido erróneamente la información de que la famosa “rompepiernas” esta en ese ultimo tramo, por lo que será más fácil realizarlo a la mañana siguiente, con el frescor matinal. Pero no, estamos equivocadas, y superamos dicha cuesta, con gran cansancio, y gran esfuerzo, pensando que si esta no es la rompepiernas, como sería.


Comencemos el andar. Salimos de Palas, con las primeras lluvias que nos van acompañar el resto de los días. Hoy va a ser la jornada de únicos momentos negativos del camino, pero que solo serán eso, momentos, ya que en nuestra alma de buen camino, no hay lugar para malos rollos y si para superar lo que nos echen.


Desde Palas, realizaremos una parte del trayecto, cruzando la nacional, y caminando paralelas a ella.

Nos toca realizar el alto para tomar fuerzas con un buen desayuno, y nos encontramos con un lugar que nos hace parar en él, sin dudar.



Pasaremos por San Xulián do Camiño, Ponte Campaña, aquí haremos una foto en el bonito albergue y continuaremos. Leboreiro, y su iglesia medieval, Furelos y su puente, y por fin, Melide y su pulpo.






Aquí, en la población de unión del camino primitivo con el francés, hacemos un alto para probar si la fama que tiene su pulpo es merecida, y sí, lo es. Damos fe.




Con la cata de pulpo y de vino blanco del lugar, hemos cogido fuerzas, pero poco a poco se van de nuevo agotando. Faltan varias poblaciones por pasar, nuestras piernas empiezan ya a fallar, y hasta tenemos espejismos viendo el albergue reservado una hora antes de llegar. La rompepiernas que estamos subiendo sin saber, esta acabando incluso con nuestros ánimos.




Esta hora final es la peor que hemos tenido en todo el camino. Ya no hablamos, solo miramos hacia abajo intentando controlar la subida, y levantando la mirada a ver si en algún lugar visionamos Ribadixo.



No sonreímos apenas, perdemos fuerzas en cada paso. Y por fin, tras una bajada, nos recibe un precioso lugar, un puente sobre el rio Iso, que consigue solo apenas una sonrisa. Ahora levantamos la vista buscando el letrero que nos ofrecerá lugar para descansar, ducharnos y recuperarnos de la jornada.

Pero lo que nos esperaba en el albergue no era el merecido descanso para cuatro caminantas desfallecidas. Allí tuvimos el desencanto de encontrarnos un albergue donde nos recibieron sin apenas mirarnos a la cara, sin explicaciones apenas del lugar, con unos baños mixtos sin aviso alguno, con unas duchas que daban ganas de todo menos de usarlas, y con unas literas hacinadas en una minúscula habitación. Para completar, el único lugar donde pudimos cenar, estaba abarrotado, la atención fue pésima y la cena estaba a la altura del lugar. Que quede claro que estamos hablando del albergue privado de la aldea.

Con todo esto, tuvimos el placer de conocer a un grupo de cordobesas que nos alegraron la estancia y por fin, en el toque de silencio, nos acomodamos como pudimos en unas literas que hacían ruido solo por respirar en ellas.

Cuando a la mañana siguiente descubrimos que no nos esperaba ninguna cuesta “arrancapiernas” como ya la habíamos bautizado, sino que en un fácil paseo llegamos hasta Arzua, destino final real de esta etapa, nuestro chasco fue importante. Pero en fin, sufriendo la parte negativa, se vive con más aprecio los momentos positivos, que fueron muchos y variados.









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