domingo, 27 de agosto de 2017

RIO ULLDEMÓ, Beceite.



Otro rincón más descubierto, ideal para un día caluroso de verano. Es un no parar, no acabamos de tropezar con lugares llenos de encanto, y esta vez, sin salir de nuestro Aragón.

Toca remojarnos en el rio Ulldemó, afluente del rio Matarraña, en la localidad de Beceite.


En verano la entrada esta regulada y el acceso se hace bajo pago en el puesto de control. Son 8 euros, por vehículo pero si nos paramos a pensar, el precio merece la pena. El lugar se encuentra muy limpio, existe hasta 15 estacionamientos para los coches y este control hace que la zona no este masificada y que se disfrute de tranquilidad.


No obstante, nosotros somos un grupo de senderismo, y para darse unos refrescantes chapuzones en la zona de baño, antes hay que ganárselo.


Dejamos el coche estacionado en el pueblo, donde la oficina de turismo y con la mochila a nuestras espaldas nos dejamos llevar por las indicaciones de La Pesquera.


Se trata de una llevadera ruta de unos 10 kilómetros de ida, donde iremos observando el paisaje, entre paredes rocosas, con múltiples pozas a nuestro paso y pequeños amigos que saltan entre los arboles.


 
 
 


Hemos llegado caminando hasta el último parking, y desde allí, ya por la orilla del rio, y en ocasiones por dentro de él, vamos avanzando hasta encontrar el lugar ideal para la pausa de la comida.


 
 



Bueno, en realidad era una pequeña parada, para baño y piscolabis, pero al final se convirtió en mucho más, ya que resultaba difícil abandonar el agua y el frescor del lugar.
 
 
 


Aun así, antes de marcharnos de vuelta, seguimos el rio arriba, dándonos cuenta que hay muchos mas rincones que descubrir. Pero el tiempo se nos echa encima y dejamos la aventura para otra vez, por que el lugar promete y mucho.

 
 
 
 
 
 
 

Y como siempre, para terminar la jornada, paseo por la localidad de Beceite, que bien merece un paseo y más.



sábado, 12 de agosto de 2017

RIO BERGANTES



¿Os venís conmigo a conocer un pequeño rincón del Maestrazgo?. A través de un buen amigo, me llego noticias de la belleza de este lugar, y así, sin pensármelo más, me acerque a él, al rincón, no a el amigo, eh. Y desde luego, no se quedaba atrás con los calificativos. Un rio de gran belleza, enmarcado en un paraje singular y lleno de encanto.

Ahora soy yo la que os recomienda visitar el lugar. Coger el vehículo y desplazaros conmigo a conocerlo. Cerrar las puertas, poneros el cinturón de seguridad y vamos hasta la localidad de Aguaviva. Continuamos por la carretera unos pocos kilómetros más y buscamos una zona de aparcamiento. Existen varias, pero nosotros elegimos la del Área Recreativa Las Contiendas.




Desde aquí vamos a iniciar la ruta. No os lo he dicho antes de subir a mi coche, pero si queréis daros unos chapuzones en las aguas frías de este rio, vamos a hacer una bonita ruta por la sierra del lugar. No es imprescindible, pero si recomendable. Hay que ejercitar un poco las piernas subiendo el desnivel, pero andaremos por las pistas y senderos que nos ofrece el pinar. Aquí ya encontraremos bonitos rincones. Hitos, marcas de Pr y flechas verdes pintadas en el suelo serán nuestros ayudantes en el caminar. Como otra indicación más para no perderse, seguir en direccion Zoriza en los cruces.


Cuando no veais otras marcas, estas os ayudarán.


Amigos cérvidos nos observan.



Recordar, dirección Zoriza.


Poza para incendios.




Ahora si, después de una buena ruta, os lo habéis ganado, vamos a buscar un lugar donde darnos el merecido chapuzón, y hacer la pausa de comer. Y la verdad, resulta difícil, hay tantas pozas y rincones, que nos va a costar decidirnos.


Molino



Por fin, elegimos uno, a la sombra, y con una buena roca para sestear.





Entre poza y poza, camino.


¿Os habéis traído bañador? Pues a que esperáis, sumergiros en estas frescas aguas y disfrutar del silencio y tranquilidad que nos rodea.


Este momento se alarga sin querer, un buen baño, un paseo para descubrir pozas cercanas, contemplar peces y cangrejos que pasean por nuestros pies, sombra para el momento de comer, y como no, tumbarte, cerrar los ojos, y solo escuchar el sonido del agua, sin nada más que lo perturbe. Era normal, que el señor Morfeo hiciera acto de presencia, y nos abrazara tiernamente.








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