domingo, 26 de agosto de 2018

Ascensión Posets (3.375 m) por la Ruta Real

 
Describir la ruta de este fin de semana, protagonista de la entrada, va a ser dura tarea. Me cuesta poner en palabras todas las experiencias, sensaciones y sentimientos de la ascensión al pico Posets.


Durante la semana anterior todos los componentes de la “expedición” han estado cruzando los dedos para que el tiempo sea benigno con nosotros y nos de la oportunidad de culminar la subida a esta cumbre tan especial.


El pico Posets o Punta de Llardana, con una altitud de 3.375 metros, es el segundo pico más alto de los Pirineos, situado en la provincia de Huesca.


Con esta importancia, la preparación es minuciosa. El primer día llegaremos al Refugio de Angel Orús y el segundo, realizaremos la ascensión en si.


SÁBADO
Ocho de los diez protagonistas de la historia tenemos como punto de reunión el municipio de Sabiñanigo. Siguiente paso, la localidad de Eriste, donde se nos sumaran los dos últimos componentes.


A la salida de este ultimo pueblo, junto a las piscinas, esta el lugar donde cogeremos el autobús que nos acercará al parking de la Espigantosa. Dicho servicio funciona desde el 29 de junio al 11 de septiembre.


Con los bártulos en el portaequipajes del vehículo, sacamos los billetes de ida y vuelta. Pasamos un poco de nervios ya que la capacidad hace que peligre el poder viajar todos juntos, pero al final, uff, por los pelos, partimos todo el equipo.


Salida de Eriste 11.30 hs.


El autobús nos deja en un pequeño parking y pega la vuelta. Momento en el que buscamos un lugar para comer. Aun es pronto para ello, pero las viandas que empiezan a surgir de las mochilas enseguida nos abren el apetito.


Mención especial a la preparación de una suculenta ensalada con los productos de la huerta, cortesía de nuestro amigo Josema.


Con los estómagos llenos y con un poco de pereza, comenzamos el camino hacia el refugio que nos dará cobijo a la noche.
 
Dirección a la cascada la Espigantosa, entre bosque y un especial paisaje, vamos caminando, sin parar de observar y fotografiar el entorno.




 
El ascenso es progresivo y suave hasta llegar a los pies del refugio, donde unas pequeñas zetas nos facilitan superar el desnivel final.
 
En aproximadamente dos horas hemos llegado al punto final de la jornada de hoy.
 
El refugio de Angel Orús es espectacular. Se halla situado a 2.150 metros de altitud, en un enclave privilegiado, como un balcón al valle. Construido en torno al antiguo refugio de Forcau, lo conservan intacto dentro, y es una de las habitaciones donde se puede pernoctar.


Toca presentarse en recepción y que nos indique nuestra habitación. Con las mochilas ya guardadas en las taquillas, subimos a inspeccionar la estancia Escorbets y quedamos gratamente satisfechos.

 
Compuesta por 12 literas y dos baños completos en el interior. Además estanterías espaciosas para colocar las pertenencias.
 
Elegimos el lecho donde vamos a descansar esta noche y bajamos a saborear una buena jarra de cerveza en la terraza.


Ya estamos cerca del cielo, disfrutando de las vistas y sobre todo de la compañía. Una buena charla, muchas risas y el tiempo va pasando.

Pero como somos culos inquietos, decidimos salir a pasear, y como no, subiendo y subiendo, en busca de sarrios. Pero hoy están tímidos y no se dejan ver.


 En su lugar, curiosas marmotas, nos observan a nosotros.




 
Hasta que de repente, ¿Que están oyendo nuestros oídos? Algo no cuadra, en mitad de la montaña, rodeados de rocas y a una altitud generosa estamos escuchando….¿un maullido? Perdón, pero ¿estoy teniendo ya mal de altura? Y si es así, lo estamos sufriendo todos, por que la cara de extrañeza es general.


Pues no, no estamos locos ya que a nuestros pies aparece un bonito y cariñoso gato, que enseguida se hace amigo de todos y decide acompañarnos en el paseo.



Tras un rato de contemplar el entorno, realizamos el regreso por otro camino, para llegar al refugio.



 
Ahora toca esperar, aprovechando para una reconfortante ducha, al momento de la cena.


Menuda la cena que nos espera, un tazón de sopa de estrellas, unos garbanzos a la marinera, filetes rusos con tomate y cebolla y de postre, piña. Algo ligero para subir a dormir. Menos mal que no tengo que trepar a la litera de arriba por que si no….igual me quedo en el suelo durmiendo con la compañía de mi estomago repleto.


 
Pssshhh, silencio, llega el momento de meterse en el saco y de dormir. En breves Morfeo me arropa y paso a soñar con el día siguiente.

DOMINGO
5.40 hs. El despertador suena y toca desperezarse y salir del saco. Un reconfortante desayuno nos espera en el comedor.
Y como el día anterior ya hemos dejado listas las mochilas con lo imprescindible para la marcha, comenzamos a caminar con nuestros frontales encendidos.


Aun es de noche, pero pronto comienza a clarear.




 
Cogiendo el sendero detrás del refugio, comenzamos a caminar por el barranco de la Llardaneta. Más adelante, cruzaremos al otro lado del rio por un puente metálico, que se encuentra un poco alicaído, pero que mas o menos cumple su papel.










 
En continua ascensión llegaremos a la Canal Fonda. Es final de agosto y aun nos la encontramos repletita de nieve, pero como chicos previsores que somos, sacamos los crampones y piolet y nos encaramos con ella para su ascenso.





 
Tras superar el primer tramo, tenemos que quitarnos los crampones y continuar un poco más con las botas. Más adelante, una nueva lengua de nieve nos hace volver a prepararnos. Este ultimo tramo se puede evitar subiendo por su derecha, por una escarpada zona rocosa. Pero ahora, decidimos atacar por la nieve.


 
Nos encontramos debajo del diente de la Llardana. Nos volvemos para contemplarlo. Es impresionante su vista.



 
Terminada la canal, ya podemos ver la antecima del Poset. Empieza la ascensión, por su pedrera. Desaparece toda muestra de verdor, y un abanico de tonos marrones asoma bajo nuestros pies. Aún así, es también muy bello el paisaje. Casi lunar, lleno de grandes rocas, que parecen amontonadas unas de tras de otras hasta la cumbre.


 
Poco a poco, desaparece el zig zag, y una cresta nos recibe. Aquí trago saliva, en un principio aquello parece cosita fina, pero una vez puesto el primer pie en ella y mirar a mi alrededor, la adrenalina sube y empiezo a sentirme llena de energía como una niña con zapatos nuevos de tacón.





 
No puedo describir lo que sentí encima de estas rocas, caminando con cuidado por esta cresta, mirando a mi alrededor, viendo todo aquello que me rodea..bajo mis pies. Levanto la cabeza y la cima esta ya muy cerca. Casi me da pena que la cresta se acabe, quiero seguir por ella hasta el infinito, sintiéndome feliz como cabra en pasto ajeno.
 
Conseguido chicos, ya estamos en la cima. Abrazos, besos y buena sesión de fotos. Mirar alrededor impresiona. Aquí te sientes muy pequeño, viendo la inmensidad de lo que te rodea. Pero a la vez te creces y te sientes fuerte, poderoso y sobre todo, lleno de la energía que te ofrece esta cima aragonesa.
 
Girar y mirar, girar y contemplar, girar y casi emocionarte por estar allí.

Compañeros, estamos aquí, por fin lo conseguimos. Hemos pasado momentos un poco duros en la subida, pero hemos estado juntos, apoyándonos y sobre todo, acompañándonos en la alegría de compartir este momento.

Comer comemos en el mejor restaurante del mundo, aquí, en la cumbre. Por que además el tiempo no ha podido estar mejor.

Tras esta pausa, toca decidir emprender el regreso. Queda mucho por delante y tenemos que llegar al ultimo autobús de la noche.

Bajamos la pedrera, evitamos la primera lengua de nieve como antes he explicado, nos colocamos los crampones en la segunda y volvemos por el barranco para llegar, de nuevo, al refugio. Tras unas merecidas cervezas, recogemos, pagamos el refugio y comenzamos el regreso hasta el parking de la Espigantosa, donde tomaremos el último autobús, el de las 20,30 hs.


Parece que hoy el gato montero esta descansando.

 
Ya de nuevo en Eriste, queda poco tiempo para las despedidas, tenemos que regresar a nuestros puntos de partida y queda mucha carretera por delante y mañana, algunos, trabajamos.


Solo una cosa más, agradecer a cada uno de los compañeros de ruta la compañía y la amistad que hemos tenido allí. Pero sobre todo, unas palabras especiales para nuestro “sherpa” particular, que no se cansa de cuidarnos, que esta siempre alerta de que nadie reble, y si es asi, echarnos una mano. Gracias, Josema, eres nuestro maestro y nuestro ángel de la guarda.